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15 de septiembre
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Descubrimiento de la
Asunción en Oriente
El encuentro para descubrir la Misión de Oriente ha reunido en Plovdiv,
Bulgaria, a cuarenta hermanas y hermanos de doce países, durante tres
semanas. Esto quiere decir que el grupo no pasaba desapercibido, ¡especialmente
nuestros hermanos y hermanas de África y de Asia! Fue organizado por el
Consejo General de los Asuncionistas y se vio enriquecido con la presencia
de Hermanas Oblatas de la Asunción, un buen número de las cuales se
prepara para sus votos perpetuos.
Gracias
Señor por el trabajo de quienes llevaron la responsabilidad de este
encuentro, en primer lugar el P. André Brombart del Consejo General, el P.
Julio Navarro, el P. Bernard Le Leannec, Delegado de la Provincia de
Francia para la Misión de Oriente, la Hna. Bernadetta del Consejo General
de las Oblatas, las Hnas. Anna y Eugenia de la comunidad de las Oblatas de
Plovdiv, los Padres Petar, Claudio y Daniel de la comunidad asuncionista
de Plovdiv.
Gracias Señor por la organización de este
tiempo de experiencia en un lugar de la Misión de Oriente.
Gracias por haber podido vivir este encuentro
entre hermanos y hermanas.
Gracias por habernos reunido de tantas
Provincias y países, gracias por la oración multicolor,
gracias por estas tres semanas juntos.
Gracias Señor por los hermanos y hermanas que
han vivido en Oriente, gracias por sus vidas entregadas.
Gracias por los hermanos y hermanas que han
refundado nuestras comunidades, -aquellas y aquellos que han sufrido la
prueba del comunismo y que ya entrados en años han querido comenzar de
nuevo a vivir en comunidad-, aquellas y aquellos que han venido del
extranjero.
Gracias por la calidad de las conferencias y
por la pasión de los conferencistas.
Gracias Señor por las pequeñas manos
invisibles que prepararon cada día nuestras comidas, que limpiaron la
casa, que lavaron la ropa: Lubcho, las dos cocineras Tzvetanka y Pepa,
Eynar, Boris, Girgana, y también nuestros hermanos y hermanas de Plovdiv.
Gracias Señor por todos los que nos han
acogido: Monseñor Christo, responsable de la Iglesia Católica Oriental de
Bulgaria, Monseñor Georgi, obispo latino de Plovdiv, el Padre Evlogi,
higumeno del monasterio de Rila, los habitantes del pequeño pueblo de
Pokrován, cuyo encuentro permanecerá inolvidable, las Comunidades
cristianas de Kouklén y de Wakoski, las Hermanas Eucaristinas de Sofía,
las Hermanas de la Madre Teresa de Plovdiv.
Perdón Señor por nuestra negligencia para con
esta misión, para con nuestros hermanos y hermanas en Oriente.
Perdón Señor por nuestro olvido del Oriente,
de sus Iglesias, de nuestros hermanos católicos orientales, de nuestros
hermanos cristianos ortodoxos.
Perdón por nuestra negligencia para con los
dones que tú regalas a toda tu Iglesia en las Iglesias de Oriente.
Perdón por no acoger en nuestras comunidades,
en nuestro trabajo, en nuestra oración el deseo de unidad que tú has
depositado en nuestras congregaciones.
Perdón por nuestras faltas de atención a tu
Espíritu Santo.
Perdón Señor por nuestros desalientos y por
nuestras satisfacciones fáciles; la fuerza de la fe y la sabia que
circulan en las comunidades cristianas que hemos encontrado nos interpelan.
Perdón Señor por nuestro olvido de la vida
entregada de nuestros hermanos y hermanas de Oriente y en particular
perdón por nuestro olvido de nuestros tres hermanos búlgaros mártires,
Pavl, Kamen y Josafat.
Si te parece bien Señor, que la Misión de
Oriente se nos haga suficientemente familiar para estimularnos en nuestros
compromisos.
Si te parece bien Señor, que nuestras
congregaciones permanezcan fieles a esta misión que tú les has confiado,
que avancen resueltamente en el camino de humildad y de fe que la
caracterizan: es tu camino, Señor.
Si te parece, que crezca nuestro afecto por
las Iglesias de Oriente y por sus pueblos.
Si te parece, estrecha nuestros lazos con las
comunidades cristianas y con los hermanos y hermanos que hemos encontrado
aquí, que llevemos en nuestra oración tu cuidado y solicitud por ellos.
Si te parece, refuerza en nosotros la certeza
de que la misión de nuestra congregación en Oriente responde a tu voluntad;
danos la fuerza de compartir nuestra convicción y de llamar a tu servicio.
Si te parece, Señor haz crecer, enciende e
nosotros el deseo de la unidad.
Si te parece, Señor haz que tengamos una
mirada de fe sobre la historia de nuestras congregaciones; creemos que tú
sales a nuestro encuentro en esta historia; ayúdanos a ser sus herederos.
“Señor, Tu, que bendices a aquellos que te bendicen
y santificas a aquellos que ponen su confianza en ti, salva a tu pueblo y
bendice a tu heredad. Conserva la plenitud de tu Iglesia; santifica a
aquellos que aman la hermosura de tu casa y glorifícalos por medio de tu
divino poder. No nos abandones, a nosotros que esperamos en ti.
Da la paz al mundo, a tus Iglesias, a los sacerdotes y a todo tu pueblo.
Porque toda gracia y todo don perfecto vienen de lo alto y proceden de ti,
Padre de las luces. Te damos gracias y te adoramos, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y por los siglos de los siglos. Amen”.
(Divina liturgia de S. Juan Crisóstomo)
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14 de septiembre
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OTCHE YOSSIF
Otche Yossif, el Padre Yossif, se hizo pintor.
Era sacerdote católico latino en un gran pueblo de varios miles de
habitantes, a unos quince kilómetros de Plovdiv. Cuando llegó el
comunismo, como un largo e interminable invierno, el Padre Yossif, se hizo
pintor. No por presión del régimen, sino para ganar su pan. Cría en la
primavera, creía en la vida, porque sabía que ésta es un don de Dios y que
Dios no se arrepiente de sus promesas. Entonces el Padre Yossif empezó a
pintar la iglesia de su parroquia: el cielo raso en azul, con leves nubes
blancas, los muros de verde, color de las hojas nuevas, y sobre todos los
muros pintó grandes frescos que representaban escenas del Evangelio y de
la historia de Israel. Después pintó la iglesia del pueblo vecino. Y así
continuó: se dice que pintó todas las iglesias latinas de Bulgaria.
La catequesis estaba prohibida y las reuniones públicas vigiladas: era
difícil vivir. En sus iglesias siempre hacía buen tiempo. Nuestra historia
es un recorrido en la vida de Dios. Una vida oculta, a veces una vida
perseguida, una vida que incluso puede parecer vencida. Pero Dios vive en
nuestra historia como una invencible esperanza.
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13
de septiembre
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¡UNIDAD ! ¡UNIDAD !
Cuando Juan Pablo II fue a
Rumania en mayo de 1999, las relaciones entre la Iglesia católica y la
Iglesia ortodoxa de Rumania eran difíciles. Algunos años antes las
diócesis católicas tenían que publicar folletos afirmando que los
católicos eran también verdaderos rumanos.
Pero un acontecimiento inesperado
y excepcional se produjo.
Durante el día, luego de la
Divina Liturgia siguió la Misa latina: el Papa y el Patriarca ortodoxo
estuvieron presentes en una y otra. Cuando Juan Pablo II pronunciaba un
discurso en la gran plaza de Bucares en presencia del Patriarca, se
escuchó un grito que la gente repitió: “ ¡unitate! ¡unitate!”. ¡Unidad!
Unidad en la Iglesia, pero no solamente en ella: las querellas religiosas,
la diferencia entre las regiones, los interrogantes sobre la identidad
nacional causaban heridas al país.
El deseo de unidad es inseparable
de la paz de Cristo a la cual todos hemos sido llamados para formar en él
un solo cuerpo: una paz que exige el esfuerzo de la reconciliación, que
supone la misericordia. El deseo de unidad no existe e Oriente como en un
ecosistema particular.
Está en las raíces de la fe
cristiana. En nuestras congregaciones surge de la sabia agustiniana de
nuestra vida comunitaria; y se expresa en la Misión de Oriente.
Tenemos que acoger en nosotros
mismos el deseo de la unidad y cultivarlo.
Es un rasgo esencial de la
identidad de nuestras congregaciones, un don que les ha sido dado por el
Señor. Porque este deseo es el del Padre, es el del Hijo y es el del
Espíritu Santo. Se hará realidad en el contexto de nuestra vida. Como nos
lo recordaba la hermana Felicia, Provinciala de Rumania, tiene que ver
tanto con la vida comunitaria como con las relaciones entre las Iglesias:
“El ecumenismo comienza en casa”.
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11 de septiembre
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UN
TIEMPO PARA PREGUNTAS
Al inicio de esta última semana de nuestro encuentro nos dimos un tiempo
para preguntas. ¿Cómo entendemos la Misión de Oriente, sus objetivos y sus
compromisos? ¿Nos sentimos implicados en esta misión de nuestras dos
congregaciones?
La Misión de Oriente tiene ahora
para nosotros un rostro, y este rostro no nos deja indiferentes. Rostro o
icono de Cristo; hay que llegar a esto, puesto que los rasgos que presenta
la Misión de Oriente son profundamente evangélicos.
Esto es una experiencia difícil
de compartir, pero sabemos todos que Cristo, cuando actúa en el corazón de
nuestras vidas o en el corazón de la historia, les da a veces los rasgos
de su propio rostro.
¿Quién es pues este hombre que nos conduce a Jerusalén mientras nos
anuncia su pasión?
¿Es él acaso el salvador, el más
hermoso de los hijos de hombre a quien esperamos?
¿Aquél cuyas palabras inquietan y
dan la fuerza para seguirlo?
¿Aquél que no tiene nada para
seducirnos y que sin embargo nos atrae? Nuestros predecesores, hermanos y
hermanas, han reconocido a Cristo en estos países y en estas Iglesias de
Oriente. Si no hubiera sido así, no habrían partido o no se hubieran
quedado.
¿Cómo será esto para nosotros?
Frente a las llamadas de la Misión de Oriente nos encontramos un poco como
los discípulos que seguían a Cristo: después de descubrirlo, ahora viene
el tiempo de las preguntas, pero vamos caminando.
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9
de septiembre
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REGRESO A
LAS FUENTES
Imaginemos un santuario en
una de nuestras Iglesias donde una larga fila de gente espera. Era el caso
este domingo en el monasterio de Báchkovo, uno de los tres pilares de la
Ortodoxia en Bulgaria.
La
fila terminaba en la iglesia que está en el centro del monasterio, ante el
icono de la Madre de Dios. Un hombre se acerca al icono, inseguro, sin
saber muy bien qué hacer, finalmente acaricia el icono con su mano, se
persigna y se aleja.
¿Turista? ¿Feligrés? En
Báchkovo no se ve esa frontera. Parejas, matrimonios, se apresuran este
domingo para visitar este santuario de la historia y de la identidad
búlgaras, pero es también la fe ortodoxa la que encontramos aquí. Para ese
hombre poco acostumbrado a venerar los iconos, éste fue tal vez como un
retorno a las fuentes.
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8 de septiembre
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EL ESPLENDOR DEL
REENCUENTRO
Acaban de despertarse. Helas aquí delante de la puerta, con sus lámparas
en la mano, muy jóvenes y vestidas con sus trajes de fiesta. Habrán
agregado aceite puesto que la luz de sus lámparas hace brillar sus rostros.
Esperan; y la alegría y la paz crecen en sus corazones. En medio de la
noche se ve el resplandor de la boda que se acerca y se escuchan los
cantos de fiesta que anuncian la llegada del esposo.
Hoy
es la fiesta de la Natividad de María y nosotros hemos decidido celebrarla
con nuestros hermanos ortodoxos. En pequeños grupos, nos repartimos en
varias iglesias de Plovdiv. Cuando entramos en la pequeña iglesia ortodoxa
a la que fuimos, nos encontramos en medio de la luz y de los cantos. Cada
uno prendió una pequeña vela en el fondo de la iglesia y nos volvimos
hacia la puerta central del iconostasio. Los cantos del coro arriba en la
tribuna de la iglesia y los del sacerdote del otro lado del iconostasio no
se detienen. La iglesia se llena poco a poco, nos apretamos para dejar
paso a la Palabra de Dios y luego a las ofrendas que salen en procesión
del iconostasio y regresan por la puerta central. Le esperamos; pero
sabemos en lo más hondo de nosotros mismos que él nos espera desde siempre
y que él nos amó primero.
En la historia de un pueblo o en la historia de un hombre, un día, Dios
nos sale al encuentro, y ese día resplandece todavía. Nuestros hermanos
ortodoxos celebran el recuerdo de este encuentro. Dios y el hombre se
desean, se esperan, se llaman y se encuentran en Jesucristo y en su
Iglesia. Nuestra fe nace de este encuentro. Es también el hilo conductor
de nuestras vidas. Ojalá que nunca olvidemos el esplendor del encuentro.
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7
de septiembre
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JUAN XXIII
Cuando monseñor Roncalli llega a Bulgaria en 1925, la situación de la
Iglesia Católica bizantina, al igual que la de todo el país, es dramática.
Macedonia ha sido ocupada por Grecia y Turquía recupera el Sur de la
planicie de Tracia. Los refugiados búlgaros son muchísimos; en esta época,
quizá la mitad de los fieles de la Iglesia Católica bizantina hacen parte
de los refugiados. En un año, monseñor Roncalli va a ayudar a esta Iglesia
a reorganizarse: con las tres diócesis existentes forma un solo exarcado –una
unidad, una sola Iglesia- y favorece el nombramiento del primer
responsable de esta Iglesia, monseñor Viril Kourtev.
El origen de la Iglesia “uniata” de Bulgaria se encuentra en un movimiento
que hubo hacia Roma. Pero ahora, con la llegada de monseñor Roncalli, es
Roma la que viene hacia los fieles católicos de Bulgaria. Y Roma tiene el
rostro sonriente de este hombre a quien le gustan los encuentros y que es
fiel a sus amistades. La adhesión a Roma y la fidelidad a su identidad
cobraron para esta Iglesia los rasgos de Juan XXIII.
Cuando esta Iglesia sale de nuevo a la luz después del comunismo está
completamente debilitada. Tenía hombres para asumir el cargo de exarca,
pero no tenía edificios: será en la primera residencia que ocupó monseñor
Roncalli en Sofía donde se reinstalará el exarcado. Será también en un
terreno que él compró en Sofía donde las Hermanas Eucaristinas búlgaras
podrán construir su nuevo convento y una nueva iglesia, después de la
expoliación de su primera casa. Un terreno donde asentar los dos pies y el
recuerdo vivificante de este Servidor de Dios han ayudado a estos hombres
y mujeres a volver a levantarse. Y su oración los sostiene.
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2
de septiembre
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POKROVAN
Es un pequeño pueblo a tres horas de ruta de Plovdiv, en las montañas que
separan a Bulgaria de Grecia. A finales del siglo 19 este pueblito estaba
bajo la doble dominación otomana y griega; incluso en la liturgia, la
influencia griega se hacía sentir.
La Iglesia Católica Bizantina fue como un espacio de
libertad: se podía rezar en búlgaro, según el rito propio, y la Iglesia en
Bulgaria era dirigida por un obispo búlgaro. Todo el pueblo de Pokrován se
hizo católico.
Algunos años más tarde, el poder otomano favoreció la creación de un
Patriarcado ortodoxo para Bulgaria: los motivos para hacerse católicos
eran menos fuertes. Además, pertenecer a la Iglesia Católica hacía la vida
diaria más difícil.
El primer obispo católico fue raptado y el segundo
envenenado. Pero el pueblo de Pokrován permaneció fiel a su primera
elección.
A comienzos del siglo 20, Pokrován se encontró en medio de las tensiones
geopolíticas suscitadas por el debilitamiento del imperio turco. Hubo la
primera guerra balcánica: los pueblos bajo el poderío turco hicieron
retroceder a los ejércitos otomanos; Bulgaria se distinguió entre ellos.
Pero los aliados de ayer se destruyeron entre sí al día siguiente y
Bulgaria pagó la cuenta de la boracidad de sus vecinos.
En este contexto, el ejército turco mató a todos los
hombres de Pokrován en la iglesia católica, antes de prenderle fuego.
Pueblo mártir, Pokrován renace de sus cenizas; se construye una nueva
iglesia y el Nuncio en Bulgaria, monseñor Roncalli, vino a bendecirla.
En el nuevo Estado búlgaro, Pokrován seguía siendo un pueblo aislado en
las montañas. Esta situación hizo que el poder comunista transformara esta
región en un lugar de exilio: la carretera de Pokrován desapareció de los
mapas y las barreras y controles de la policía impedían prácticamente el
acceso a él. Durante todos esos años, los Padres Asuncionistas y las
Hermanas Eucaristinas ayudaron a la comunidad a seguir viviendo en la fe y
a celebrar la Resurrección de Cristo en medio de esos años de tinieblas.
Hoy estuvimos todos en Pokrován. Día de fiesta para todo el pueblo y
también para nosotros. Los frutos de la fe no se ven; se ven únicamente
hombres y mujeres que viven la fe y son testigos de ella. En Pokrován se
siente con más fuerza que Dios se hizo hombre y que su fidelidad echa
raíces en cada uno de nosotros.
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1 de
septiembre
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¿QUIÉN SOY YO?
Nací en un pueblo pequeño, en una región del mundo por donde tantos
pueblos han pasado, se han mezclado y afrontado. Lo que hizo la unidad de
mi pueblo fue su fe y un reino. Fue un pueblo independiente en una época,
pero después y por mucho tiempo vivió bajo la dominación de grandes
potencias extranjeras, a veces era una, otras veces otra. Su recuerdo es
doloroso. Trató a menudo de recobrar su independencia, pero sin lograrlo.
Está lleno de una gran esperanza, de un deseo profundo de vivir, de un
apetito de riqueza y también de una gran impaciencia.
Nací en Bulgaria. Nací en Galilea.
Esta pregunta « ¿Quién soy yo? » es inevitable pero también peligrosa en
nuestros países. Una respuesta demasiado rápida trae a menudo consigo la
guerra, la agresión al otro, nuevas heridas en nuestra historia.
Quisiéramos ser finalmente nosotros mismos. Pero tantos otros, desde los
orígenes de nuestros pueblos, están ligados a nuestra identidad, para bien
y para mal. ¡Hay tanta mezcla! Como el trigo y la zizaña en el campo.
Entonces: Para ustedes, ¿quién soy yo ? Yo no respondería solo. Para que
seamos uno, me remito a ustedes.
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31 de AGOSTO
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LA ROCA Y LA FUENTE
La imagen que tenemos del monje ortodoxo evoca un hábito negro y una
tupida barba, austeridades y proesas ascéticas de algunos santos ermitaños
durante decenas de años, como fue el caso de San Juan de Rila. La roca, la
gruta del ermitaño, la santa montaña del Monte Athos. Podemos conciderar
la tradición cristiana oriental bajo este punto de vista.
Pero sería olvidar otras imágenes que llevamos también en nuestra memoria
: las lámparas en las iglesias, la exuberancia de sus cúpulas, el valor
que se da al don espiritual de las lágrimas, la afirmación de un Dios que
acoge los deseos más íntimos del hombre, que vivifica y transforma todas
las cosas mediante su Espíritu.
El Dios celebrado, rezado, amado, es el Dios que transforma la roca en
fuente. Un Dios tan cercano a su pueblo que cede a sus ruegos para darle
agua allí donde la necesita. Un Dios que transforma nuestros corazones de
piedra en fuentes vivas.
Esta tarde, en el corazón de la Divina Liturgia (la eucaristía), nuestras
Hermanas congoleñas entonaron un canto a Cristo. He ahí nuestro Dios :
puso en el corazón de todos los hombres el deseo de conocerle, los reune
en un solo cuerpo mediante la vida entregada de su Hijo Jesucristo ; su
Espíritu ha dado a tantos pueblos la capacidad de apropiarse las palabras
y las oraciones llevadas por misioneros extrangeros, -así es como la fe
cristiana se ha propagado-, para cantarle, como esta tarde.
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30
de AGOSTO
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IVAN RILSKI
Iván Rislki, o Juan de Rila, es como el padrino de bautismo de Bulgaria.
Nació al final del siglo 9, poco después de la
formación del primer reino búlgaro y la llegada del cristianismo ; su vida
entregada « a la oración, el ayuno y las lágrimas » fue « una fuente de
conversión », como dice una oración ortodoxa en honor suyo.

La historia de sus reliquias y de sus milagros
abraza la historia de Bulgaria hasta nuestros días. Rila se sitúa en un
valle encajonado cuyo acceso no es fácil ; sin embargo, Rila sigue siendo
en Bulgaria un santuario de peregrinaciones : peregrinaciones turísticas y
culturales, pero también peregrinaciones de fe.
Más allá de la leyenda hagiográfica, el apego a este hombre más de diez
siglos después es algo que sorprende. San Juan de Rila es venerado como un
don de Dios. Esta actitud de los fieles ante la benevolencia de Dios por
este pequeño pueblo conduce a cada uno a su fuente bautismal : descubrirse
hijo amado de un Dios Padre lleno de ternura. Como si la fe ortodoxa
guardara viva esa sorprendente mirada de un pueblo convertido, bautizado,
que abre los ojos ante la bondad y la presencia vivicante de Dios.
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29
de AGOSTO
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LA PUERTA REAL |
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Cuando uno entra en una iglesia oriental, se
encuentra frente a un muro. Demasiado alto para ver del otro lado e
imposible de rodearlo por detrás. Sobre este muro de madera, los iconos
abren nuestra mirada a lo que se encuentra del otro lado : la luz, los
rostros de hermanos y hermanas que nos acojen. En este muro hay una sola
puerta que se abre durante la liturgia. Esta puerta que separa el aquí y
el otro lado, esta puerta entre « el cielo y la tierra », esta puerta por
la que la Palabra de Dios sale para sernos proclamada, esta puerta por la
que el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos son compartidos, es la puerta real
: la puerta del amor.
Nuestro hermano Louis-Armel Pelâtre, responsable de la diócesis católica
de rito latino de Estambul, nos ha compartido su larga experiencia de
conhabitación y de encuentros con las otras Iglesias cristianas en un país
musulmán. Para traspasar los muros de las diferencias, de las antiguas
querellas, los muros del idioma y de la cultura, no hay más que una sola
puerta : la puerta real del amor. Esto se comienza haciendo con toda
sencillez : traspasar la puerta de un vecino, entrar en la iglesia de otra
confesión cristiana. « ¿Cómo pretendes conocer al otro si nunca vas a su
casa y si él no viene nunca a la tuya ? ». Esto vale también para nuestra
relación con Dios. Él ha abierto la puerta. Entremos por ella.
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28 de AGOSTO
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ULTIMA
PALABRA
Ante una situación difícil, siempre
está la tentación de poner rápidamente punto final al análisis de la misma
mediante una fórmula lapidaria, una última palabra sin apelación.
¿Cuántas veces no habrá sucedido
esto a lo largo de la historia de la Iglesia Católica Bizantina en
Bulgaria ? ¿Cuántos dirigentes políticos no han predicho su desaparición ?
¿Y qué dicen ahora las estadísticas
cuando muestran su debilidad ?
Pero, como nos lo decía hoy Monseñor
Proykov, el responsable de la Iglesia Católica Bizantina de Bulgaria, la
última palabra la tiene Dios.
Esta palabra se ha encarnado en un
pueblo y en su historia ; la palabra de Dios sobre esta Iglesia se
encuentra en el corazón de los hombres y mujeres de esta misma Iglesia. Se
trata de una historia bíblica, como la de Abraham, en la que la pequeñez y
la debilidad son asumidas en una historia única, en la que se es fiel a
Dios acogiendo nuestra historia como una alianza de él con nosotros. ¡Y es
El el que tiene aquí la última
palabra !
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27 de AGOSTO
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¿Una Iglesia normal
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Un grupo de Hermanas Oblatas buscaba la iglesia
católica bizantina en Varna. Preguntaron a una persona que pasaba por la
calle dónde se encontraba la iglesia. Tal vez al ver el velo que llevaban
puesto, la persona les responde : « ¿la iglesia normal ? ».
Sí, en efecto, nosotros los católicos, tanto los de rito latino como los
de rito bizantino, no somos la iglesia « normal » en Bulgaria, sin que
esto tenga nada de peyorativo.
Nuestra primera jornada de trabajo nos ha mostrado
muy bien hasta dónde las Iglesias de Oriente se encarnan en un lugar,
convirtiéndose en la Iglesia de un pueblo.
Y en Bulgaria, la antiguedad y el peso de la Iglesia
Ortodoxa hacen de ella la Iglesia « normal ». ¡Qué desafío para nuestros
hermanos católicos bizantinos !
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PLOVDIV, 26 de AGOSTO
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Encuentro de Hermanas y Hermanos |

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Antes de comenzar la Divina Liturgia (la Eucaristía), la gente se va
reuniendo poco a poco en la iglesia. Pequeños cirios de cera amarilla se
van encendiendo delante de los iconos ; todos permanen ante ellos en
oración silenciosa ; se los besa con los labios o se los toca con los
dedos. Comienza la Liturgia : cada uno se confía a Dios y se deja conducir.
También nosotros nos hemos ido reuniendo poco a poco : Asuncionistas y
Oblatas venidos de los cuatro continentes. Desde el comienzo de este
domingo, nos encontramos ya inmersos en el baño de la celebración de la
Divina Liturgia. Confiamos a Dios estas tres semanas : nuestros
descubrimientos, nuestros encuentros, las experiencias que cada uno irá
viviendo. ¡Dejémonos conducir !
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