el diario de la sesión

 

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15 de septiembre 
 

Descubrimiento de la Asunción en Oriente

El encuentro para descubrir la Misión de Oriente ha reunido en Plovdiv, Bulgaria, a cuarenta hermanas y hermanos de doce países, durante tres semanas. Esto quiere decir que el grupo no pasaba desapercibido, ¡especialmente nuestros hermanos y hermanas de África y de Asia! Fue organizado por el Consejo General de los Asuncionistas y se vio enriquecido con la presencia de Hermanas Oblatas de la Asunción, un buen número de las cuales se prepara para sus votos perpetuos.

Gracias Señor por el trabajo de quienes llevaron la responsabilidad de este encuentro, en primer lugar el P. André Brombart del Consejo General, el P. Julio Navarro, el P. Bernard Le Leannec, Delegado de la Provincia de Francia para la Misión de Oriente, la Hna. Bernadetta del Consejo General de las Oblatas, las Hnas. Anna y Eugenia de la comunidad de las Oblatas de Plovdiv, los Padres Petar, Claudio y Daniel de la comunidad asuncionista de Plovdiv.

Gracias Señor por la organización de este tiempo de experiencia en un lugar de la Misión de Oriente.
Gracias por haber podido vivir este encuentro entre hermanos y hermanas.
Gracias por habernos reunido de tantas Provincias y países, gracias por la oración multicolor, gracias por estas tres semanas juntos.

Gracias Señor por los hermanos y hermanas que han vivido en Oriente, gracias por sus vidas entregadas.
Gracias por los hermanos y hermanas que han refundado nuestras comunidades, -aquellas y aquellos que han sufrido la prueba del comunismo y que ya entrados en años han querido comenzar de nuevo a vivir en comunidad-, aquellas y aquellos que han venido del extranjero.

Gracias por la calidad de las conferencias y por la pasión de los conferencistas.
Gracias Señor por las pequeñas manos invisibles que prepararon cada día nuestras comidas, que limpiaron la casa, que lavaron la ropa: Lubcho, las dos cocineras Tzvetanka y Pepa, Eynar, Boris, Girgana, y también nuestros hermanos y hermanas de Plovdiv.

Gracias Señor por todos los que nos han acogido: Monseñor Christo, responsable de la Iglesia Católica Oriental de Bulgaria, Monseñor Georgi, obispo latino de Plovdiv, el Padre Evlogi, higumeno del monasterio de Rila, los habitantes del pequeño pueblo de Pokrován, cuyo encuentro permanecerá inolvidable, las Comunidades cristianas de Kouklén y de Wakoski, las Hermanas Eucaristinas de Sofía, las Hermanas de la Madre Teresa de Plovdiv.

Perdón Señor por nuestra negligencia para con esta misión, para con nuestros hermanos y hermanas en Oriente.
Perdón Señor por nuestro olvido del Oriente, de sus Iglesias, de nuestros hermanos católicos orientales, de nuestros hermanos cristianos ortodoxos.
Perdón por nuestra negligencia para con los dones que tú regalas a toda tu Iglesia en las Iglesias de Oriente.

Perdón por no acoger en nuestras comunidades, en nuestro trabajo, en nuestra oración el deseo de unidad que tú has depositado en nuestras congregaciones.
Perdón por nuestras faltas de atención a tu Espíritu Santo.
Perdón Señor por nuestros desalientos y por nuestras satisfacciones fáciles; la fuerza de la fe y la sabia que circulan en las comunidades cristianas que hemos encontrado nos interpelan.
Perdón Señor por nuestro olvido de la vida entregada de nuestros hermanos y hermanas de Oriente y en particular perdón por nuestro olvido de nuestros tres hermanos búlgaros mártires, Pavl, Kamen y Josafat.

Si te parece bien Señor, que la Misión de Oriente se nos haga suficientemente familiar para estimularnos en nuestros compromisos.
Si te parece bien Señor, que nuestras congregaciones permanezcan fieles a esta misión que tú les has confiado, que avancen resueltamente en el camino de humildad y de fe que la caracterizan: es tu camino, Señor.
Si te parece, que crezca nuestro afecto por las Iglesias de Oriente y por sus pueblos.
Si te parece, estrecha nuestros lazos con las comunidades cristianas y con los hermanos y hermanos que hemos encontrado aquí, que llevemos en nuestra oración tu cuidado y solicitud por ellos.

Si te parece, refuerza en nosotros la certeza de que la misión de nuestra congregación en Oriente responde a tu voluntad; danos la fuerza de compartir nuestra convicción y de llamar a tu servicio.
Si te parece, Señor haz crecer, enciende e nosotros el deseo de la unidad.
Si te parece, Señor haz que tengamos una mirada de fe sobre la historia de nuestras congregaciones; creemos que tú sales a nuestro encuentro en esta historia; ayúdanos a ser sus herederos.

Señor, Tu, que bendices a aquellos que te bendicen y santificas a aquellos que ponen su confianza en ti, salva a tu pueblo y bendice a tu heredad. Conserva la plenitud de tu Iglesia; santifica a aquellos que aman la hermosura de tu casa y glorifícalos por medio de tu divino poder. No nos abandones, a nosotros que esperamos en ti.
Da la paz al mundo, a tus Iglesias, a los sacerdotes y a todo tu pueblo.
Porque toda gracia y todo don perfecto vienen de lo alto y proceden de ti, Padre de las luces. Te damos gracias y te adoramos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos. Amen
”.
(Divina liturgia de S. Juan Crisóstomo)

 

14 de septiembre 

OTCHE YOSSIF

Otche Yossif, el Padre Yossif, se hizo pintor.
Era sacerdote católico latino en un gran pueblo de varios miles de habitantes, a unos quince kilómetros de Plovdiv. Cuando llegó el comunismo, como un largo e interminable invierno, el Padre Yossif, se hizo pintor. No por presión del régimen, sino para ganar su pan. Cría en la primavera, creía en la vida, porque sabía que ésta es un don de Dios y que Dios no se arrepiente de sus promesas. Entonces el Padre Yossif empezó a pintar la iglesia de su parroquia: el cielo raso en azul, con leves nubes blancas, los muros de verde, color de las hojas nuevas, y sobre todos los muros pintó grandes frescos que representaban escenas del Evangelio y de la historia de Israel. Después pintó la iglesia del pueblo vecino. Y así continuó: se dice que pintó todas las iglesias latinas de Bulgaria.
La catequesis estaba prohibida y las reuniones públicas vigiladas: era difícil vivir. En sus iglesias siempre hacía buen tiempo. Nuestra historia es un recorrido en la vida de Dios. Una vida oculta, a veces una vida perseguida, una vida que incluso puede parecer vencida. Pero Dios vive en nuestra historia como una invencible esperanza.
 

13 de septiembre 

¡UNIDAD ! ¡UNIDAD !

 

Cuando Juan Pablo II fue a Rumania en mayo de 1999, las relaciones entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa de Rumania eran difíciles. Algunos años antes las diócesis católicas tenían que publicar folletos afirmando que los católicos eran también verdaderos rumanos.

Pero un acontecimiento inesperado y excepcional se produjo.

Durante el día, luego de la Divina Liturgia siguió la Misa latina: el Papa y el Patriarca ortodoxo estuvieron presentes en una y otra. Cuando Juan Pablo II pronunciaba un discurso en la gran plaza de Bucares en presencia del Patriarca, se escuchó un grito que la gente repitió: “ ¡unitate! ¡unitate!”. ¡Unidad! Unidad en la Iglesia, pero no solamente en ella: las querellas religiosas, la diferencia entre las regiones, los interrogantes sobre la identidad nacional causaban heridas al país.

El deseo de unidad es inseparable de la paz de Cristo a la cual todos hemos sido llamados para formar en él un solo cuerpo: una paz que exige el esfuerzo de la reconciliación, que supone la misericordia. El deseo de unidad no existe e Oriente como en un ecosistema particular.

Está en las raíces de la fe cristiana. En nuestras congregaciones surge de la sabia agustiniana de nuestra vida comunitaria; y se expresa en la Misión de Oriente.

Tenemos que acoger en nosotros mismos el deseo de la unidad y cultivarlo.

Es un rasgo esencial de la identidad de nuestras congregaciones, un don que les ha sido dado por el Señor. Porque este deseo es el del Padre, es el del Hijo y es el del Espíritu Santo. Se hará realidad en el contexto de nuestra vida. Como nos lo recordaba la hermana Felicia, Provinciala de Rumania, tiene que ver tanto con la vida comunitaria como con las relaciones entre las Iglesias: “El ecumenismo comienza en casa”.

 

 
 
 
11 de septiembre 

 UN TIEMPO PARA PREGUNTAS
 
Al inicio de esta última semana de nuestro encuentro nos dimos un tiempo para preguntas. ¿Cómo entendemos la Misión de Oriente, sus objetivos y sus compromisos? ¿Nos sentimos implicados en esta misión de nuestras dos congregaciones?

La Misión de Oriente tiene ahora para nosotros un rostro, y este rostro no nos deja indiferentes. Rostro o icono de Cristo; hay que llegar a esto, puesto que los rasgos que presenta la Misión de Oriente son profundamente evangélicos.

Esto es una experiencia difícil de compartir, pero sabemos todos que Cristo, cuando actúa en el corazón de nuestras vidas o en el corazón de la historia, les da a veces los rasgos de su propio rostro.
¿Quién es pues este hombre que nos conduce a Jerusalén mientras nos anuncia su pasión?

¿Es él acaso el salvador, el más hermoso de los hijos de hombre a quien esperamos?

¿Aquél cuyas palabras inquietan y dan la fuerza para seguirlo?

¿Aquél que no tiene nada para seducirnos y que sin embargo nos atrae? Nuestros predecesores, hermanos y hermanas, han reconocido a Cristo en estos países y en estas Iglesias de Oriente. Si no hubiera sido así, no habrían partido o no se hubieran quedado.

¿Cómo será esto para nosotros? Frente a las llamadas de la Misión de Oriente nos encontramos un poco como los discípulos que seguían a Cristo: después de descubrirlo, ahora viene el tiempo de las preguntas, pero vamos caminando. 
 

 
 
 
9 de septiembre 
 

REGRESO A LAS FUENTES

 

Imaginemos un santuario en una de nuestras Iglesias donde una larga fila de gente espera. Era el caso este domingo en el monasterio de Báchkovo, uno de los tres pilares de la Ortodoxia en Bulgaria. La fila terminaba en la iglesia que está en el centro del monasterio, ante el icono de la Madre de Dios. Un hombre se acerca al icono, inseguro, sin saber muy bien qué hacer, finalmente acaricia el icono con su mano, se persigna y se aleja.

¿Turista? ¿Feligrés? En Báchkovo no se ve esa frontera. Parejas, matrimonios, se apresuran este domingo para visitar este santuario de la historia y de la identidad búlgaras, pero es también la fe ortodoxa la que encontramos aquí. Para ese hombre poco acostumbrado a venerar los iconos, éste fue tal vez como un retorno a las fuentes.

 

8  de septiembre 
 

EL ESPLENDOR DEL REENCUENTRO

Acaban de despertarse. Helas aquí delante de la puerta, con sus lámparas en la mano, muy jóvenes y vestidas con sus trajes de fiesta. Habrán agregado aceite puesto que la luz de sus lámparas hace brillar sus rostros. Esperan; y la alegría y la paz crecen en sus corazones. En medio de la noche se ve el resplandor de la boda que se acerca y se escuchan los cantos de fiesta que anuncian la llegada del esposo.
Hoy es la fiesta de la Natividad de María y nosotros hemos decidido celebrarla con nuestros hermanos ortodoxos. En pequeños grupos, nos repartimos en varias iglesias de Plovdiv. Cuando entramos en la pequeña iglesia ortodoxa a la que fuimos, nos encontramos en medio de la luz y de los cantos. Cada uno prendió una pequeña vela en el fondo de la iglesia y nos volvimos hacia la puerta central del iconostasio. Los cantos del coro arriba en la tribuna de la iglesia y los del sacerdote del otro lado del iconostasio no se detienen. La iglesia se llena poco a poco, nos apretamos para dejar paso a la Palabra de Dios y luego a las ofrendas que salen en procesión del iconostasio y regresan por la puerta central. Le esperamos; pero sabemos en lo más hondo de nosotros mismos que él nos espera desde siempre y que él nos amó primero.
En la historia de un pueblo o en la historia de un hombre, un día, Dios nos sale al encuentro, y ese día resplandece todavía. Nuestros hermanos ortodoxos celebran el recuerdo de este encuentro. Dios y el hombre se desean, se esperan, se llaman y se encuentran en Jesucristo y en su Iglesia. Nuestra fe nace de este encuentro. Es también el hilo conductor de nuestras vidas. Ojalá que nunca olvidemos el esplendor del encuentro.
 

7   de septiembre 

JUAN XXIII

Cuando monseñor Roncalli llega a Bulgaria en 1925, la situación de la Iglesia Católica bizantina, al igual que la de todo el país, es dramática. Macedonia ha sido ocupada por Grecia y Turquía recupera el Sur de la planicie de Tracia. Los refugiados búlgaros son muchísimos; en esta época, quizá la mitad de los fieles de la Iglesia Católica bizantina hacen parte de los refugiados. En un año, monseñor Roncalli va a ayudar a esta Iglesia a reorganizarse: con las tres diócesis existentes forma un solo exarcado –una unidad, una sola Iglesia- y favorece el nombramiento del primer responsable de esta Iglesia, monseñor Viril Kourtev.

El origen de la Iglesia “uniata” de Bulgaria se encuentra en un movimiento que hubo hacia Roma. Pero ahora, con la llegada de monseñor Roncalli, es Roma la que viene hacia los fieles católicos de Bulgaria. Y Roma tiene el rostro sonriente de este hombre a quien le gustan los encuentros y que es fiel a sus amistades. La adhesión a Roma y la fidelidad a su identidad cobraron para esta Iglesia los rasgos de Juan XXIII.
Cuando esta Iglesia sale de nuevo a la luz después del comunismo está completamente debilitada. Tenía hombres para asumir el cargo de exarca, pero no tenía edificios: será en la primera residencia que ocupó monseñor Roncalli en Sofía donde se reinstalará el exarcado. Será también en un terreno que él compró en Sofía donde las Hermanas Eucaristinas búlgaras podrán construir su nuevo convento y una nueva iglesia, después de la expoliación de su primera casa. Un terreno donde asentar los dos pies y el recuerdo vivificante de este Servidor de Dios han ayudado a estos hombres y mujeres a volver a levantarse. Y su oración los sostiene.

 

2 de septiembre 

                                                                  POKROVAN

Es un pequeño pueblo a tres horas de ruta de Plovdiv, en las montañas que separan a Bulgaria de Grecia. A finales del siglo 19 este pueblito estaba bajo la doble dominación otomana y griega; incluso en la liturgia, la influencia griega se hacía sentir.

La Iglesia Católica Bizantina fue como un espacio de libertad: se podía rezar en búlgaro, según el rito propio, y la Iglesia en Bulgaria era dirigida por un obispo búlgaro. Todo el pueblo de Pokrován se hizo católico.
Algunos años más tarde, el poder otomano favoreció la creación de un Patriarcado ortodoxo para Bulgaria: los motivos para hacerse católicos eran menos fuertes. Además, pertenecer a la Iglesia Católica hacía la vida diaria más difícil.

El primer obispo católico fue raptado y el segundo envenenado. Pero el pueblo de Pokrován permaneció fiel a su primera elección.
A comienzos del siglo 20, Pokrován se encontró en medio de las tensiones geopolíticas suscitadas por el debilitamiento del imperio turco. Hubo la primera guerra balcánica: los pueblos bajo el poderío turco hicieron retroceder a los ejércitos otomanos; Bulgaria se distinguió entre ellos. Pero los aliados de ayer se destruyeron entre sí al día siguiente y Bulgaria pagó la cuenta de la boracidad de sus vecinos.

En este contexto, el ejército turco mató a todos los hombres de Pokrován en la iglesia católica, antes de prenderle fuego. Pueblo mártir, Pokrován renace de sus cenizas; se construye una nueva iglesia y el Nuncio en Bulgaria, monseñor Roncalli, vino a bendecirla.
En el nuevo Estado búlgaro, Pokrován seguía siendo un pueblo aislado en las montañas. Esta situación hizo que el poder comunista transformara esta región en un lugar de exilio: la carretera de Pokrován desapareció de los mapas y las barreras y controles de la policía impedían prácticamente el acceso a él. Durante todos esos años, los Padres Asuncionistas y las Hermanas Eucaristinas ayudaron a la comunidad a seguir viviendo en la fe y a celebrar la Resurrección de Cristo en medio de esos años de tinieblas.
Hoy estuvimos todos en Pokrován. Día de fiesta para todo el pueblo y también para nosotros. Los frutos de la fe no se ven; se ven únicamente hombres y mujeres que viven la fe y son testigos de ella. En Pokrován se siente con más fuerza que Dios se hizo hombre y que su fidelidad echa raíces en cada uno de nosotros.
 

 
1 de septiembre 

¿QUIÉN SOY YO?

Nací en un pueblo pequeño, en una región del mundo por donde tantos pueblos han pasado, se han mezclado y afrontado. Lo que hizo la unidad de mi pueblo fue su fe y un reino. Fue un pueblo independiente en una época, pero después y por mucho tiempo vivió bajo la dominación de grandes potencias extranjeras, a veces era una, otras veces otra. Su recuerdo es doloroso. Trató a menudo de recobrar su independencia, pero sin lograrlo. Está lleno de una gran esperanza, de un deseo profundo de vivir, de un apetito de riqueza y también de una gran impaciencia.
Nací en Bulgaria. Nací en Galilea.
Esta pregunta « ¿Quién soy yo? » es inevitable pero también peligrosa en nuestros países. Una respuesta demasiado rápida trae a menudo consigo la guerra, la agresión al otro, nuevas heridas en nuestra historia. Quisiéramos ser finalmente nosotros mismos. Pero tantos otros, desde los orígenes de nuestros pueblos, están ligados a nuestra identidad, para bien y para mal. ¡Hay tanta mezcla! Como el trigo y la zizaña en el campo.
Entonces: Para ustedes, ¿quién soy yo ? Yo no respondería solo. Para que seamos uno, me remito a ustedes.


 

 
31 de AGOSTO 

LA ROCA Y LA FUENTE

La imagen que tenemos del monje ortodoxo evoca un hábito negro y una tupida barba, austeridades y proesas ascéticas de algunos santos ermitaños durante decenas de años, como fue el caso de San Juan de Rila. La roca, la gruta del ermitaño, la santa montaña del Monte Athos. Podemos conciderar la tradición cristiana oriental bajo este punto de vista.
Pero sería olvidar otras imágenes que llevamos también en nuestra memoria : las lámparas en las iglesias, la exuberancia de sus cúpulas, el valor que se da al don espiritual de las lágrimas, la afirmación de un Dios que acoge los deseos más íntimos del hombre, que vivifica y transforma todas las cosas mediante su Espíritu.
El Dios celebrado, rezado, amado, es el Dios que transforma la roca en fuente. Un Dios tan cercano a su pueblo que cede a sus ruegos para darle agua allí donde la necesita. Un Dios que transforma nuestros corazones de piedra en fuentes vivas.
Esta tarde, en el corazón de la Divina Liturgia (la eucaristía), nuestras Hermanas congoleñas entonaron un canto a Cristo. He ahí nuestro Dios : puso en el corazón de todos los hombres el deseo de conocerle, los reune en un solo cuerpo mediante la vida entregada de su Hijo Jesucristo ; su Espíritu ha dado a tantos pueblos la capacidad de apropiarse las palabras y las oraciones llevadas por misioneros extrangeros, -así es como la fe cristiana se ha propagado-, para cantarle, como esta tarde.
 

 
30 de AGOSTO 

IVAN RILSKI

Iván Rislki, o Juan de Rila, es como el padrino de bautismo de Bulgaria.

Nació al final del siglo 9, poco después de la formación del primer reino búlgaro y la llegada del cristianismo ; su vida entregada « a la oración, el ayuno y las lágrimas » fue « una fuente de conversión », como dice una oración ortodoxa en honor suyo.

La historia de sus reliquias y de sus milagros abraza la historia de Bulgaria hasta nuestros días. Rila se sitúa en un valle encajonado cuyo acceso no es fácil ; sin embargo, Rila sigue siendo en Bulgaria un santuario de peregrinaciones : peregrinaciones turísticas y culturales, pero también peregrinaciones de fe.

Más allá de la leyenda hagiográfica, el apego a este hombre más de diez siglos después es algo que sorprende. San Juan de Rila es venerado como un don de Dios. Esta actitud de los fieles ante la benevolencia de Dios por este pequeño pueblo conduce a cada uno a su fuente bautismal : descubrirse hijo amado de un Dios Padre lleno de ternura. Como si la fe ortodoxa guardara viva esa sorprendente mirada de un pueblo convertido, bautizado, que abre los ojos ante la bondad y la presencia vivicante de Dios.
 

 
29 de AGOSTO  

LA PUERTA REAL

Cuando uno entra en una iglesia oriental, se encuentra frente a un muro. Demasiado alto para ver del otro lado e imposible de rodearlo por detrás. Sobre este muro de madera, los iconos abren nuestra mirada a lo que se encuentra del otro lado : la luz, los rostros de hermanos y hermanas que nos acojen. En este muro hay una sola puerta que se abre durante la liturgia. Esta puerta que separa el aquí y el otro lado, esta puerta entre « el cielo y la tierra », esta puerta por la que la Palabra de Dios sale para sernos proclamada, esta puerta por la que el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos son compartidos, es la puerta real : la puerta del amor.

Nuestro hermano Louis-Armel Pelâtre, responsable de la diócesis católica de rito latino de Estambul, nos ha compartido su larga experiencia de conhabitación y de encuentros con las otras Iglesias cristianas en un país musulmán. Para traspasar los muros de las diferencias, de las antiguas querellas, los muros del idioma y de la cultura, no hay más que una sola puerta : la puerta real del amor. Esto se comienza haciendo con toda sencillez : traspasar la puerta de un vecino, entrar en la iglesia de otra confesión cristiana. « ¿Cómo pretendes conocer al otro si nunca vas a su casa y si él no viene nunca a la tuya ? ». Esto vale también para nuestra relación con Dios. Él ha abierto la puerta. Entremos por ella.

 

 
28 de AGOSTO  

ULTIMA PALABRA

Ante una situación difícil, siempre está la tentación de poner rápidamente punto final al análisis de la misma mediante una fórmula lapidaria, una última palabra sin apelación.

¿Cuántas veces no habrá sucedido esto a lo largo de la historia de la Iglesia Católica Bizantina en Bulgaria ? ¿Cuántos dirigentes políticos no han predicho su desaparición ?

¿Y qué dicen ahora las estadísticas cuando muestran su debilidad ?

 

Pero, como nos lo decía hoy Monseñor Proykov, el responsable de la Iglesia Católica Bizantina de Bulgaria, la última palabra la tiene Dios.

Esta palabra se ha encarnado en un pueblo y en su historia ; la palabra de Dios sobre esta Iglesia se encuentra en el corazón de los hombres y mujeres de esta misma Iglesia. Se trata de una historia bíblica, como la de Abraham, en la que la pequeñez y la debilidad son asumidas en una historia única, en la que se es fiel a Dios acogiendo nuestra historia como una alianza de él con nosotros. ¡Y es

El el que tiene aquí la última palabra !

 

27 de AGOSTO   

¿Una Iglesia normal ?

 

Un grupo de Hermanas Oblatas buscaba la iglesia católica bizantina en Varna. Preguntaron a una persona que pasaba por la calle dónde se encontraba la iglesia. Tal vez al ver el velo que llevaban puesto, la persona les responde : « ¿la iglesia normal ? ».

Sí, en efecto, nosotros los católicos, tanto los de rito latino como los de rito bizantino, no somos la iglesia « normal » en Bulgaria, sin que esto tenga nada de peyorativo.

Nuestra primera jornada de trabajo nos ha mostrado muy bien hasta dónde las Iglesias de Oriente se encarnan en un lugar, convirtiéndose en la Iglesia de un pueblo.

Y en Bulgaria, la antiguedad y el peso de la Iglesia Ortodoxa hacen de ella la Iglesia « normal ». ¡Qué desafío para nuestros hermanos católicos bizantinos !
 

 
 
PLOVDIV,  26 de AGOSTO   

Encuentro de Hermanas y Hermanos

 

 


Antes de comenzar la Divina Liturgia (la Eucaristía), la gente se va reuniendo poco a poco en la iglesia. Pequeños cirios de cera amarilla se van encendiendo delante de los iconos ; todos permanen ante ellos en oración silenciosa ; se los besa con los labios o se los toca con los dedos. Comienza la Liturgia : cada uno se confía a Dios y se deja conducir.

También nosotros nos hemos ido reuniendo poco a poco : Asuncionistas y Oblatas venidos de los cuatro continentes. Desde el comienzo de este domingo, nos encontramos ya inmersos en el baño de la celebración de la Divina Liturgia. Confiamos a Dios estas tres semanas : nuestros descubrimientos, nuestros encuentros, las experiencias que cada uno irá viviendo. ¡Dejémonos conducir !

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